Pablo Garces



El levante de Cádiz

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Llevamos una semana que vivir en Cádiz es un suplicio. Menuda rachita de viento, pero no de un viento cualquiera, sino de levante fuerte, fuerte, fuerte y más fuerte. Y algún día cambió a poniente, y así estamos. Imposible andar por la calle porque el viento te lleva, imposible hablar por teléfono por la calle, imposible dejar de escuchar que las puertas se muevan o los árboles rujan.

Soy alérgico a los ácaros, y lo peor que nos puede venir a los alérgicos a algo, en general, es que haya mucha porquería en el ambiente, y el viento sólo trae eso, porquería de un lado para otro.

Además es que no para, no es que sea un ratito al día, es que llevamos una semana entera, a todas horas, con un viento insoportable. Estoy deseando que llueva, que diluvie, que el ambiente se limpie, que el viento no vuelva a aparecer hasta verano. Entonces, cuando hará falta que corra aire fresco, seguro que reina la calma chicha. Puag.


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