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La vida de soltero en la casa tiene sus pros y sus contras. Aunque yo tengo aguante para muchas cosas, es cierto que llevo ya casi año y medio comiendo varios días a la semana pasta con tomate (y salchichas de pollo). Eso sí, lo hago con un arte que podría montar un envío a domicilio.

A veces, cuando tengo ganas y tiempo saco pechuga de pollo, la encebollo, con laurel y vino de Chiclana, luego con arroz.. y está buenísimo. También los sandwiches, las pizzas tarradellas y las croquetas, nuggets y san jacobos están a la orden del día.

No hago más. El otro día, totalmente lamentable, quise hacerme un flan, un jodido flan del chino mandarín. Maldita la hora. Hice lo que decía el sobre. De verdad. Una taza, un poco de leche, remover, que no queden grumos, tal, y tal. Luego, “si quedan grumos”, había que batir un poco. Todo lo hice con cuidadito.

Y qué me comí? Pues no precisamente un flan, sino un buen mojón. Los dos flanes a la basura, después de un día largo en el frigorífico eso no cuajaba y parecía que tenía vida propia. ¿¿Por qué??

Hoy, ya que no me sé hacer puchero, he sacado el caldo de pollo Gallina Blanca (que está buenísimo y se merece ser Pecado Capital ya), y me he dado cuenta que de los tres paquetes de arroz que tenía en la despensa… dos estaban caducados (ya véis lo que cocino, madre mía). No es la primera vez que me hago este puchero amateur, al que le echo taquitos de jamón, arroz, y queda buenísimo… pero sí ha sido la primera vez en que he gastado medio tetrabrick y no sé cómo he calculado el arroz… que se lo ha bebido todo, se ha evaporado o algo así. Lamentable. Un desastre.

Aquí estoy, sin flan, sin puchero… porfavor, que alguien me diga algo que sea fácil de cocinar para variar un poco. :|