gran hermano, arturo, gerardoHa llovido, y mucho, desde que Gran Hermano 11 terminara. Luego, ese invento que ha sido Gran Hermano “El Reencuentro” no estuvo mal hasta que se fue mi idolatrado Arturo, alguien al que, incluso con el paso de las semanas, sigo teniendo mucho cariño. El motivo de escribir algo hoy sobre él y sobre Gerardo es que… una vez más queda demostrado que los pavos reales, los que van sacando pecho, los que alardean, a los que se les va la fuerza por la boca, los que se dan golpes en el pecho, los reyes del pollo frito y del yo, yo, y después yo… no son de fiar y son una mentira andante. Una mentira que me da verdadero asco.

Cuando he visto el numerito que ha montado Gerardo en la TV es lamentable, como ha sido él todo el programa, cuando se disfrazaba de boxeador, cuando gritaba y alardeaba porque habían echado a Arturo, cuando se ponía las medallas del verdadero gentleman que sabe cuidar a las mujeres… que se vaya a montar en pony una temporada porque vaya tela la que ha liado. Arturo podría no ser romántico, pero sincero era como él sólo, y desde lejos lo veías venir porque es un toro miura. En cambio personajes siniestros como Gerardo, esos míster perfectos, esos yo no he roto un plato y jamás lo voy a romper… che, vete a cagar, ha vuelto a quedar demostrado, y yo ya lo sabía. Nunca me equivoco con este tipo de mierda de gente.