sangre

Ayer me desperté de la siesta y tenía uno de los cojines del sofá lleno de sangre. La boca también. No es un buen plan para un viernes después de una semana de trabajo hasta las cejas, lo sé. El dentista que me había hecho una revisión esta semana además de una limpieza tenía una cara que era para verlo, y eso que él no había tenido que limpiar el suelo de su clínica porque lo dejé lindo. Cuando le dijo a sus enfermeras “venid conmigo, esto es preocupante” yo quise desaparecer de la camilla y del foco enorme que tenía delante de la cara. Afortunadamente estando en contacto con mi primo estuve más tranquilo y me dijo que no le diera importancia, que en el hospital van muchas personas al día con hemorragias tras limpiezas bucales.

Hoy el dentista me ha llamado para interesarse por cómo estoy, me ha sorprendido gratamente. Ya no me desangro, suficiente tuve ayer. Consiguieron detener la hemorragia tras un par de horas. Ahora simplemente… no puedo comer, beber, y hablar por precuación y para que cierre la herida cuanto antes.

Este, sin duda, no era el finde que planeé.