bicicleta eliptica

Seguro que los señores se acuerdan de cuando les comenté que me había comprado una bicicleta elíptica porque iba a hacer deporte.

Evidentemente, y como alguien me advirtió, no tardó en convertirse en un perchero más en el dormitorio. Jamás llegué a utilizarla, creo que un par de veces. Era de esos elementos decorativos que cuando la gente la veía seguro que decían por dentro “mira el tio, hace deporte y todo…” pero qué va, nada más lejos de la realidad, por ser era un coñazo hasta para quitarle el polvo.

Tito Jose vino uno de estos días a casa y mientras hacíamos chapuzas de las que nos gustan, se me ocurrió que podía ser un buen regalo para él, ya que se mantiene en forma y tiene un auténtico gimnasio en su casa.

Antes de llevársela, y como siempre le estoy haciendo fotitos, me dijo… ponte ahí….

Y me puse.