valdano valdano

Este lunes me desperté y me di cuenta que no parecía ser lunes. El perro estaba jugando con sus naranjas (que a ver si me deja a mí algunas para hacerme zumos) y no se escuchaba ningún ruido.

En cuanto me monté en el coche y fui llegando al trabajo me volví a dar cuenta de la realidad de los lunes de otoño. Atascos, gente con prisas, taxistas que se creen los reyes de la ciudad, malas caras en los autobuses…

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Hay veces que me quejo, y de hecho tengo la casa en venta, por querer vivir más cerca de los míos y unificar mi vida en dos ciudades… pero lo cierto es que no hay nada mejor que llegar después de un lunes y poder jugar con el perro un rato o no tener que aguantar a ningún vecino.

Me encanta la tranquilidad.