De las nuevas leyes y la división del Partido Popular

El 14 de Marzo de 2004 el Partido Popular se encontró una realidad de la que muchos renegaban. El pueblo había dejado de estar a su lado, por diferentes motivos, de los que ya he hablado en multitud de ocasiones. Pero la cosa va más allá, y desde entonces no paran de tirarse los trastos a la cabeza: piden el cese de Zaplana como portavoz del grupo, la crisis de Galicia de antes, de ahora, de Majadahonda, el rechazo que sufre Gallardón en el partido, sumado a la debacle en las Elecciones Vascas, se refrenda con el Sí de Celia Villalobos al apoyar el proyecto del Gobierno socialista que va a permitir a los homosexuales contraer matrimonio con todos los derechos, incluyendo la posibilidad de adopción, y la conducta de Trillo, que votó no a la reforma del divorcio, a la que su grupo se había abstenido.
La Iglesia se mete por medio, creyendo que en este país se gobierna desde el púlpito, e invita a los funcionarios a que no casen a homosexuales. Algunos animales decidieron unilateralmente actuar al margen la ley. Estamos hablando de una auténtica revolución homófoba dentro del Partido Popular.
Un partido, que repetiré hasta la saciedad, lleva un año hablando de la Comisión de Investigación del 11-M, y ahora, se pasará otro año hablando del diálogo abierto tras las elecciones en el País Vasco. Algunos burros siguen a lo suyo. Lo suyo no es la oposición, es molestar y crispar. Afortunadamente, su electorado cada día les castiga más, y les vota menos.


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