hermandad cofradia prendimiento san fernando

Su nombre es “Venerable Hermandad Sacramental y Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en su Prendimiento, María Santísima del Buen Fin y San Juan Evangelista”. Ahí queda eso. Pero todo el mundo en mi ciudad, San Fernando, lo conoce como “El Prendimiento”, e incluso como “El gitano”.

No soy ningún experto en Semana Santa, ni entiendo de Juntas de Gobierno de Hermandades, ni de Hermanos Mayores, Menores, y tampoco sé que significan las diferentes insignias que jerarquizan una procesión. Voy más allá de todo eso. Voy a las sensaciones y emociones que provoca en una ciudad, en un barrio, en una calle.

Déjenme explicarles. Muy cerca de mi casa, casi pared con pared, está situado un Convento de Monjas de Clausura, donde también viven personas muy mayores. Cuando era más joven, y no entendía qué era eso, yo preguntaba por qué sonaban las campanas. Trataron de convencerme que eran señales que las monjitas le hacían a Dios para decirle que estaban bien. La cosa es que yo, permítanme confesarles, me lo creía.


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Esta hermandad, El Prendimiento, me tiene cautivado desde hace muchos años. El motivo?. Me hace disfrutar de cada rincón de mi ciudad como nunca lo había disfrutado antes. Paulo Coelho expuso una sabia teoría: no podemos decir que conocemos X ciudad por haberla visitado; podemos decir que la conocemos en ese momento. Pero si hemos visitado Madrid en verano, es diferente a verlo en Navidad, o lloviendo, de día, o de noche.

Mi calle es mi calle, y me encanta. Pero el Martes Santo, sobre las 19.45, llega la Cofradía del Prendimiento, y ante media ciudad que ahí se agolpa, se rinde un homenaje a esas monjitas que tocan las campanas para decirle a Dios que están bien. Es entonces cuando sé que esa calle es un rincón que todo el mundo debería conocer. Son 10 minutos de sensaciones y emociones que van mucho más allá de la Semana Santa y la Iglesia.

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La banda, también de San Fernando, toca, con miembros jóvenes que ayer y mañana pasean por esa calle. Ayer, durante los momentos más impresionantes les y nos han brindado un “Sabed que vendrá”, al que toda la gente respondía con aplausos, y vellos de punta, que no hacen tanto ruido. El hecho de brindar a esas monjitas 10 minutos de mecimiento, girando el paso y pareciendo que va a entrar por sus ventanas, levantando la parte de atrás para que haga un ángulo de 25 grados y ellas puedan verlo desde dentro me parece un gesto sublime.

Yo, con una ideología política que muchos enfervorecidos de la Semana Santa pueden no compartir, quería hacerle llegar a todos esos hermanos de la cofradía, las gracias, por hacer de esta calle un nido de emociones, concordia y mariposas en el estómago.

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Actualización: (Información aparecida en el San Fernando Información el 05/04/2005). El convento de las Madres Capuchinas se ha convertido en la última década en un lugar privilegiado para hacer la estación de penitencia. Allí la hacen Medinaceli, Prendimiento, Gran Poder y Resucitado, entre otras. Además, cada vez pasan más cofradías por la calle Constructora Naval, que deciden volver sus pasos hacia la ventana de las monjas de clausura.

La abadesa del este convento, que en los próximos días recibirá la medalla de oro de la ciudad de San Fernando, resalta que “no se pueden imaginar el rato tan delicioso que pasamos viendo las procesiones, porque no se trata de folklore de ver una imagen más o menos devota, las músicas que conmueven, los aplausos de la gente es que como por la misericordia del Señor, el que padece es nuestro esposo amadísimo, entonces, el papel de la esposa es estar junto al esposo, acompañándole, participando de su estado y de sus dolores, pues nosotras lo vivimos intensamente. Y ver esas imágenes nos ayuda a intensificar nuestra compasión a Jesús y nuestro afán de colaborar con él para ayudar a la salvación del mundo”.