
Rafael Vera : Justicia Ejemplar

Meses atrás, el Ex Presidente Felipe González, y los Ex Ministros José Barrionuevo y José Luis Corcuera solicitaron al Gobierno el indulto a Rafael Vera, a quien el Supremo ratificó la condena por malversación de 3,8 millones de euros de los fondos reservados, haciendo mención los “meritorios servicios” del Ex Secretario de Estado a la democracia.
“A mi familia, a los amigos, a la opinión pública” es una emotiva Carta al Director que envÃa Rafael Vera a El PaÃs. Evidentemente no somos pocos los que pensamos que Rafael Vera no debe estar entre rejas. Él no hablará, y muchos seguro que lo agradecen. El trabajo que hizo no debe ser empañado como lo ha sido.
A mi familia, a los amigos, a la opinión pública

“Empiezo esta carta antes del fatal desenlace, en los albores de otro largo periodo de tinieblas. Son las nueve y media de la mañana del sábado 16 de octubre. Se reproducen, una vez más, las pautas de los juicios sufridos con anterioridad: la filtración periodÃstica que hace irreversible la condena. En esta ocasión, los extremos de la misma no sólo me afectan a mÃ, sino que se llevan por delante a parte de mi familia polÃtica.
Es, y lo proclamo con rotundidad, injusta desde el principio al fin, moral y jurÃdicamente insostenible, sin parangón en los tribunales de nuestro paÃs; pero con nosotros todo vale, este principio nos ha acompañado desde 1994, y ha sustituido a las prácticas inquisitoriales de Torquemada. La expresión del fiscal de la causa lo resume: “Quiero una sentencia ejemplar para generaciones venideras”. Las sentencias, en un Estado de derecho, deben de ser siempre “justas”, y no “ejemplares”.
Tengo fuerzas sobradas para seguir luchando: mi familia, mis amigos (muy pocos), ciudadanos que me dan ánimos, mi abogado (en lo profesional y en lo personal), y mi hija, por la que más lo lamento; pero voy a luchar de otra forma. La verdad, la caballerosidad, el silencio y la ley, valen muy poco frente a la injuria, la mentira, la manipulación, el odio, la hipocresÃa y la cobardÃa; sobre todas las demás esta última es la que más me repugna. Ahora me encuentro con esta acusación: el enriquecimiento personal, la malversación “egoÃsta”, las fincas y, en definitiva, el uso ilÃcito de los fondos reservados. Pequé de ingenuo, heredé las prácticas de mis antecesores y me fié de la buena fe de jueces, fiscales y de los asesoramientos jurÃdicos que solicité. La imposibilidad de contabilizar, y de guardar o de pedir justificantes, me han llevado a esta situación. Aquellos que lo conocen, los que manejaron y dispusieron de esos fondos en todas las instituciones del Estado, con el PSOE en el Gobierno y en épocas anteriores, que den la cara.
No me he apropiado de cantidad alguna de los fondos reservados que no fuese para asuntos relacionados con mi seguridad, como en muchos otros casos, y siempre con conocimiento y autorización de todos mis superiores. Los que cobraron, y tenÃan responsabilidades en el ámbito de la Justicia, en la Intervención General del Estado, en los servicios jurÃdicos y algunos miembros de la fiscalÃa y de la judicatura, debÃan haberme advertido de la ilegalidad de ese cobro, pero se callaron y pidieron más.
¿Se trata de la cantidad, o el delito es el mismo independientemente de lo percibido? ¿Qué diferencia existe entre “gratificación” y “sobresueldo”? ¿Si cobraron, y no conocÃan el origen del dinero, por qué no preguntaron? ¿Acaso declararon en Hacienda el ingreso para desembolsar, a continuación, el consiguiente descuento? Me repugna seguir con este punto y decido abandonarlo: no tengo apego alguno al dinero y no quiero señalar a nadie con nombres y apellidos, el daño ya está consumado.
Quiero dedicar algunas lÃneas a los que me sirvieron lealmente, no a mi persona, sino a lo que representaba: al nuevo Estado de derecho. Algunos ya han salido de esta pesadilla; otros, como el General RodrÃguez-Galindo, el teniente coronel Vaquero o el ex gobernador civil de Guipúzcoa Julen Elgorriaga, siguen peregrinando entre la reprobación y el olvido. Me consta, y a muchos que callan también, que les debemos lo que hicieron entonces y lo que se ha construido sobre los cimientos que dejaron.
¿Por qué tanta hipocresÃa con lo que pasaba entonces? ¿No apoyamos públicamente guerras más sucias que aquélla, con miles de muertos inocentes y detonantes de nuevas actividades terroristas? ¿No se nos desgarra el corazón viendo desenterrar, de entre los escombros, a niños muertos o amputados, mujeres y ancianos? ¿Qué escribÃan, en los años ochenta, reputados moralistas de la vida pública que se construyen piscinas en suelo de todos los españoles?
Por esto me repugna la cobardÃa. Hemos linchado a servidores del Estado que han dado lo mejor de sà mismos. ¡Qué horror! Llega lo más triste, un recuerdo público y un reconocimiento para mis nuevos amigos, con los que empecé a recuperar una vida normal, que me ayudaron en tan difÃcil tarea; con los que compartà un reducido espacio de esperanza y de cariño, de ocio y de olvido del pasado, en definitiva, de vida. Gracias por vuestra compañÃa. Para mi abogado, que ha llevado de manera impecable todo este proceso, hasta el extremo de dañar su salud. ¿Por qué le han perseguido tanto? Porque ha puesto su brillante “currÃculum” profesional al servicio de mi defensa, sin escatimar esfuerzos ni medios. Para mi familia. ¿Qué puedo decir de ella? Todo y nada, el silencio lo resume todo. Su sacrificio es inmensamente mayor que el mÃo, el daño que han sufrido es irreversible, el dolor lo he notado, y en esta nueva etapa, con el desierto como horizonte, espero que estén conmigo hasta el final.
Quiero pedir disculpas a los que se sientan ofendidos con esta carta, a la gente de bien que pude perjudicar en mis años de responsabilidades polÃticas, a los compañeros que no han entendido lo que pasó en aquellos años o en los inmediatamente posteriores. Y a Dios, aunque poco lo he sentido a mi lado, entonces y ahora. Espero la orden de ejecución de la sentencia para tomar una última decisión en este largo y agotador proceso polÃtico-jurÃdico. Han sido veintidós años de esfuerzo, de entrega y de sacrificio, y también de errores: esa decisión podrÃa ser uno de ellos.





Publicado el 18-02-2005 |
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Soy Pablo Garcés (San Fernando, 1981) y escribo este blog que visitas y 

Estoy al lado de todo lo que hizo Rafael Vera y creo que pocos lo han apoyado , leere el libro que ha escrito porque seguro que en algo más estare de su lado
Vera fue un tropiezo de nuestra joven democracia. Nunca un delincuente alcanzó un puesto tan alto en la administración. El crimen de estado, aunque persiguiese un fin útil a todos (la desaparición de ETA) se extendió. Los fondos reservados fueron saqueados y repartidos entre unos pocos. Se urdieron montajes contra periodistas. Se espiaron conversaciones privadas. De la experiencia (colectiva) también se aprende.
Lo triste, lo que nunca se sabrá de la estela que dejó este intento de limpieza de cloacas, de la que no puedo opinar debido a mi total desconocimiento, es que las peores ratas de las mismas siguen contaminando con infecciones inmundas los ambientes a los que se acercan. Con total impunidad.
Una presunción basada en la amarga experiencia de actuaciones delictivas ligadas a la corrupción como “industria auxiliar” del sur.
Y, siempre presuntamente:
¿Cuántos “errores” más han florecido al amparo de estos procesos?
¿Cuántos oportunistas viven a costa de estos errores?, ¿Cuántas familias más han sido destrozadas?… ¿Hay más muertos?
Siempre me hago la misma pregunta, y el dinero, donde está?