Tito Jose es así, tal y como véis en el video. Tiene una verborrea que ya la quisiera yo para mí, y eso que ya sabéis que no soy mudo precisamente.
Antes de colocar las vigas, cuando las estábamos barnizando, Tito Jose se dio cuenta que un par de ellas si nos fijábamos bien no estaban cortadas perfectamente. Es como eso que dicen que no tenemos las dos orejas iguales y que las mujeres no tienen los pechos (o las tetas) del mismo tamaño. Pues lo mismo. No todas las vigas tienen el mismo grosor por mucha maquina que la haya cortado.
Tito Jose me animaba a que dijera en la página lo que escucháis en el video, a pesar del viento que hacía ese día y que hace que el sonido del video sea regular. Lo importante y lo mejor es escuchar al auténtico crack y protagonista de Cartas desde El Andamio. Tito Jose, las vigas y el serrucho.
Tito Jose dijo muy pronto eso de que iba a subir las vigas con el cipote… con perdón, pero de eso nada. Estuvimos los dos ahí a pulso para subirlas… y lo nuestro nos costó. Ponerlas a la misma distancia cada una de ellas y de manera europea.
Ahora sólo queda el brezo por poner… pero qué cambio pegó todo con las vigas de madera colocadas…
Empezamos a barnizar las vigas con la ayuda de esos caballetes. Había que darle dos manos a cada una de ellas. Utilizamos un barniz color nogal, de marca Bruguer, y antes le habíamos dado a las vigas gasoil para protegerlas. El gasoil es el mejor protector que se le puede echar a la madera que va a estar expuesta a la intemperie. Eso sí, huele un poquito regular los primeros días
Ya está. Ya está de verdad. Ya hemos hecho todo. Incluso la base de los pilares, que la hicimos al igual que los arriates y las fuentes en su momento. Ladrillos rústicos, y pa arriba. Lo rematamos con azulejos del mismo tono, y la primera mano de pintura, blanca, a la espera de tener ganas de pintar de otro color. Seguramente albero.
Así que estamos esperando las vigas. Unas vigas que precisamente no vienen caídas del cielo, sino que sin duda es la pieza más cara de la pérgola. 2 vigas madre de 5 metros y 8 vigas de 4.80 metros. Cuando le pregunté a Tito Jose si iban a pesar mucho y si entre los dos íbamos a poder subirlas… ¿sabéis que me contestó?. Me dijo que podía subirlo con su miembro él sólo. Jajaja, qué animal!!.
Cartas desde el Andamio es la historia de esta casa en la que vivo. Mis primeras andanzas con los bancos, la primera vez que corté el césped, y... mi romance con la hormigonera. Junto con Tito Jose hice mil reformas de la que seguro podéis sacar algo de provecho. Sea usted bienvenido. Leer más...
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