Qué faenita

Del dicho al hecho hay un trecho… y cuando me vi con la hormigonera ahí conectada… mis saquitos de cemento, la arena, el perro mirándome con cara de “eso lo vas a hacer tú?” me di cuenta que los experimentos con gaseosa, pero bueno, apliqué lo que aprendí de Tito Jose:
1. Quitar las hierbas y hacer un molde en la tierra, sin necesidad de excavar demasiado.
2. Delimitar bien la zona a hormigonar con ayuda de lo que tengas a mano (rasillones, vigas de hierro, etc)
3. Hacer el hormigón
4. Con la ayuda de una “plana”, igualar todas las zonas.
El hormigón cuanto más líquido en este caso mejor, porque el agua que tiene hace que se nivele por sí solo, si fuera un hormigón jodidamente espeso tendría más trabajo.
En la foto véis a Valdano atento al trabajo, en la esquina véis lo que estaba hecho en ese momento, y… lo que más me costó y aún me siguen doliendo manos, brazos… sacar las plantas de la tierra y plantarlas en las macetas que véis.
Qué faenita. (procedente del latín menuda faena)
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