
La pintura poco a poco se extendía por toda la casa… y el garaje lo ha agradecido mucho. Los cinco pilares, los bordillos, los muros… ahora sólo falta llenar todo eso de plantas y que el verde se mezcle con el gris del hormigón y el marrón de las tejas. Entonces ese garaje volverá a ser otro garaje. Es el trabajo que queda, transplantar y esperar que la naturaleza siga su curso, a pocos semanas para que llegue la primavera, y las plantas se despieten de este infinito invierno.



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