
Si algo tengo en la casa… son yucas, y gracias, indudablemente, a la generosidad de Tito Jose, que ha traído el 90%. El otro 10% son hijos de las propias yucas, porque como él mismo dijo… llega un momento en que eres productor. Y es cierto, las yucas se reproducen con una facilidad increíble y son muy muy duras. Me encantan.
En este caso… supongo que os acordaréis de esa yuca. Hace dos meses estaba ahí… y desde hace unas semanas… ya no está. No te quiero volver loco, pero todo tiene relación con lo que viene…
A la hora de transplantar una yuca, como sucede con todas las plantas, hay que empapar bien la tierra de la maceta o de la tierra en sí donde esté plantada, y hacer un cerco grande con una zoleta. Luego hay que menearla con cuidado para intentar romper las menos raíces posibles. Las raíces de las yucas son rojas y no son excesivamente duras. Hay que intentar salvar el cepellón y hacer un agujero similar en el destino nuevo, que habrá que rellenar con algo de estiércol animal. Se planta y se riega abundantamente sobre todo los primeros días. Yo incluso soy de la opinión de descargar a la yuca de hojas ya que el cambio lo va a notar y cuanto más trabajo tenga que hacer, peor. Así se acelera el proceso de adaptación, aunque Tito Jose es de los que piensa que no hay que tocarle ninguna hoja…




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