
Reconozco que le pongo ganas, pero la cocina sigue sin ser lo mío. Todo será cuestión de hacer la comida unas cuantas veces hasta que le coja el punto.
Ese arroz con pollo que ves ahí lo hice poco antes de que Tito Jose viera una calzada romana donde no había nada, y a pesar de hacer el sofrito, echar poco agua y dejar cocer el arroz, añadiendo poco a poco más líquido… no me salió como yo quería y al final el arroz se lo bebió todo.
Habrá que intentarlo otra vez, pero que conste que se podía comer.




Puedes enlazar este post desde tu blog usando el enlace de trackback.